Muero por dentro, de Robert Silverberg

Muero por dentro es una de esas joyitas que a veces un@ encuentra en su camino y ya pasa a formar parte de su vida para siempre. Me imagino la escena: entras en una librería de segunda mano de ésas en las que los volúmenes están unos encima de otros, sin aparente orden ni concierto; vas acariciando los lomos, buscando algo que te llame la atención… y de repente, ¡voilà!, aparece éste, con su portada inquietante, tenebrosa y tierna a la vez, te roba el corazón y tienes que llevártelo porque no estará con nadie mejor que contigo.

La historia que nos cuenta Robert Silverberg, un autor de ciencia ficción con mucho gancho y mucha tela que cortar, nos pone ante una de las verdades más sustanciales de la vida: todo depende del cristal con que se mire. En esta existencia nuestra, en este pedacito de realidad que a cada uno le toca vivir, las cosas pueden ser buenas, malas o regulares dependiendo de la actitud con la que las encaremos. Donde alguien ve un problema insalvable, otra persona puede ver una oportunidad, un reto, una meta a alcanzar. Donde un@s se hunden en la desesperación, otr@s sacan lo mejor de sí mism@s. Donde un@ puede vivir y ser feliz… otr@ puede morir. Morir por dentro.

David Selig (ojito a la equivalencia fonética entre protagonista y autor, David Selig y Robert Silverberg, estas cosas no suelen ser porque sí…) es telépata. Puede captar los pensamientos de las personas que lo rodean. Puede conocer los más íntimos recovecos vitales de cualquiera que se le ponga por delante. Sugerente, ¿no? Pues… no. Esto lo ha hecho sentir durante toda su vida como un parásito, un chupóptero, un vampiro emocional. Sabe cosas que no querría saber, conoce secretos que nadie debería conocer. Y lo peor de todo es que, aunque él podría cerrar el grifo de la percepción extrasensorial, obligarse a no escudriñar en la mente de las personas que conoce… la tentación es demasiado grande.

Robert Silverberg. Fuente Majipoor.com
Robert Silverberg. Fuente Majipoor.com

Su vida, claro, ha sido un completo fracaso. Se ha sentido tan alejado de los demás, y los demás tan lejos de él, porque les hacía sentir incómodos, porque se notaba a leguas que algo no funcionaba bien en su interior… que no ha podido establecer lazos con prácticamente nadie.

Su inteligencia privilegiada tampoco le ha procurado un buen trabajo o una ocupación apasionante: en su gris deseo de no destacar, de no llamar la atención y ponerse en evidencia como el monstruo que cree ser, se dedica a escribir trabajos brillantes o simplemente correctos, dependiendo de lo que le pidan, para universitarios con poco tiempo o pocas luces.

David nos va a explicar su vida de pe a pa, sin escatimar detalles morbosos. Su infancia, sus dos grandes amores, sus relaciones truncadas por este mal suyo. Capítulo aparte merecerá la única persona con la que ha podido conectar de verdad: Tom Nyquist, un vecino que resultó tener su mismo “mal”… y no lo llamaba así, sino “poder” y quizá hasta “bendición”. Porque el cristal con el que Tom decidió mirar su vida no fue del color tristón y acomplejado de David, sino del dorado triunfal de las personas que saben aprovechar sus características para conseguir lo que quieren. Saber lo que los demás piensan, para Tom, no es un robo, ni un acto de voyeurismo: es una oportunidad para decir exactamente lo que persona que tienes delante necesita que digas, y por tanto, ganártela. Así se ha acostado con todas las chicas que ha querido, y ha ganado dinero con pequeñas inversiones en bolsa hechas en el momento justo. Nunca se ha sentido aislado, ni infeliz.

La angustia de Selig es palpable, casi puede tocarse al acariciar las páginas del libro. La sensación ambivalente de poder hacer algo, algo increíble que casi nadie puede hacer, e incluso querer hacerlo, pero considerar que no está bien… es una constante a lo largo de su historia.

La telepatía es clave en esta historia. Fuente escalofrío.com
La telepatía es clave en esta historia. Fuente escalofrío.com

Y el toque maestro viene con la contradicción más grande de todas, que no es spoiler porque viene dicha en el mismo título. Selig está muriendo por dentro ahora, en el momento presente en que está contando la historia… porque está perdiendo sus poderes. El monstruo que era un monstruo por ser un telépata está poco a poco perdiendo su telepatía… y eso lo está haciendo morir.

¿Eres feliz ahora, Selig? ¿Dónde queda todo tu auto-desprecio? ¿No estabas harto de tu “poder”? ¿O quizá ahora te das cuenta de que vale la pena vivir al precio que sea? Aayyy, cuántas preguntas… Si tenéis ganas de conocer las respuestas, ya sabéis… a tope con Muero por dentro.

Vamos con nuestro video en el canal de youtube:

Súper idea: ¿Don o problemón? Pues… depende de cómo te lo tomes, baby.

Frase de oro: “¿Aislado? ¿Tú? Eres capaz de meterte dentro de la cabeza de la gente, puedes hacer algo que el 99,999% de la raza humana no puede. Ellos tienen que valérselas con palabras, aproximaciones, señales, mientras que tú vas directamente al corazón del significado. Ante todo esto, ¿cómo es posible que digas que te sientes aislado?”

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