Milagro en los Andes

La de Viven ha sido una de las historias que más han conmocionado al mundo desde la aparición de los medios de comunicación de masas. ¿Os acordáis? En 1972, un avión que transportaba a un equipo uruguayo de rugby desapareció en los Andes. Tras semanas de búsqueda dieron a todos los pasajeros por muertos… Pero resultó que no solo había supervivientes, sino que, precisamente para sobrevivir, éstos tuvieron que comerse la carne de sus compañeros fallecidos. Un escándalo, un dramón… un best-seller asegurado.

El caso es que, ciertamente, Viven, de Piers Paul Read, fue un boom editorial total, porque la historia que explicaba era muy potente… pero también bastante fría y aséptica. No le vamos a reprochar nada: el hombre era periodista, quería ser lo más objetivo posible, y de las entrevistas que hizo a los supervivientes quiso sacar una crónica neutral, huyendo del morbo porque ya bastante había explicándola sin aderezos… Bien por ti, Piers, en la época de Sálvame nos cuesta imaginar a profesionales con tantos escrúpulos.

Pero lo que queríamos igual no era más morbo, sino más cercanía, más emoción… y eso es lo que tenemos con este Milagro en los Andes. ¿Por qué? Pues porque está escrito por uno de los supervivientes, Nando Parrado. Eso ya le da todo el empuje que necesitamos para meternos de lleno en la historia, porque cuando alguien ha estado 70 días perdido en uno de los lugares más inhóspitos del planeta, rodeado de compañeros muertos, sin comida, sin abrigo, sin saber si saldrá con vida… lo que tenga que decir es realmente digno de ser leído y escuchado. Es un testimonio de ésos que no pueden dejar indiferente a nadie.

El avión tras el accidente
El avión tras el accidente

Además, Nando fue un superviviente especial por dos motivos. Primero, porque él fue el único que perdió a familiares en el accidente, ya que su madre y su hermana, que lo acompañaban, murieron al estrellarse el avión. Segundo, porque fue uno de los tres expedicionarios que se aventuraron a caminar por las montañas en busca de ayuda cuando ya no quedaba apenas esperanza… y lograron su objetivo.

Su relato es desgarrador, pero también práctico y realista. Nos habla de chavales que habían vivido siempre entre algodones, y que sacaron lo mejor de sí mismos en aquellas montañas, pero también lo peor, y lo regular, y lo absurdo. Porque ser un héroe no está reñido con tener miedo, con tener hambre, con tener que hacer pipí y popó en un hoyo en la nieve, con tener ganas de romperle la cara a un compañero en un momento dado. Nando habla de la vida misma, con todas sus luces y sus sombras, en una situación horrible… que dura tantos días… que termina por volverse cotidiana.

“Hay barreras mentales que se traspasan muy lentamente.” Con estas palabras, Nando aborda el punto más escabroso de su experiencia: el momento en que decidieron que la única manera de sobrevivir sin comida era convirtiendo en alimento los cadáveres de sus amigos. Algunos se negaron. Otros decidieron poner un punto de “civilización” a esa decisión, no comiéndose a aquéllos para los que alguno (especialmente el propio Nando, que tenía allí a su madre y a su hermana semi-enterradas en la nieve) tuviese una objeción. Pero todos lo aceptaron como parte de aquella terrible realidad que les había tocado vivir.

La superación humana no tiene límite
La superación humana no tiene límite

Y la magia viene cuando Nando no sólo hace sentir a los lectores ese frío, ese vacío y esa desesperación, sino también el encuentro con Dios. Y que no panda el cúnico: no es un encuentro misericordioso, ni devoto, ni una revelación mariana. Nando estuvo atrapado en medio de aquellas montañas y comprendió que formaban parte de un espectáculo natural cuya grandeza residía en que ningún humano podía haberlo “disfrutado” hasta ese momento… y de hecho, eso mismo carecía de importancia. Porque lo que aprendió fue que los seres humanos somos una mota en un universo que ha amanecido y anochecido durante millones de años sin que nuestra presencia haya supuesto ningún cambio. Ahí está Dios: es esa fuerza cósmica que ha creado un mundo que nos queda grande.

Toma castaña, ¿no? Pues ya sabéis, si queréis dejaros envolver por el frío, la desazón y la belleza de uno de los parajes más perdidos y feroces del mundo… a tope con Milagro en los Andes.

Súper idea: Dios no es amor, ni misericordia, ni siquiera venganza. Dios está en la belleza indiferente de las montañas.

Frase de oro: “Hay barreras mentales que se traspasan muy lentamente.”

Aquí va nuestro «vlog», el video blog de Asunto Libros en el canal de Critica Sin Spoilers:

Esperamos que os haya gustado la crítica, agradecemos vuestras suscripciones al canal de youtube. Por si os interesa una copia del libro de Nando o del libro de Asun, aquí van los enlaces:

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